Agosto 12-26, 2002


 

 

NOTICIAS YBIZ

Enlazando a jovenes empresarios de las americas

                                        

         

 

 

CONDICIONES PARA DESARROLLAR EL ESPIRITU EMPRESARIAL

Conferencia dictada por el Ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Fernando Villarán,

Escuela Superior de Administracion de Negocios para Graduados (ESAN)

Julio 2002, Lima, Perú 

 

Señor Alberto Zapater, decano de ESAN; señor Guillermo van Oordt, presidente del Patronato de ESAN; señor Jaime Serida, director académico; señor Luis Piazzon, director del Programa Magister; señor Renzo Massari, presidente de la Asociación de Graduados de ESAN; señoras y señores profesores, señoras y señores egresados del Programa Magister de ESAN. Agradezco al decano y a las autoridades de ESAN por esta invitación y la oportunidad de poder dialogar con ustedes sobre un tema tan importante como las condiciones para generar y desarrollar el espíritu empresarial, sobre todo en los jóvenes.

Voy a referirme previamente a tres temas vinculados con la actitud emprendedora, llamada también emprendedorismo, empresarialidad o espíritu emprendedor, y que en inglés se denomina entrepreneurship. Primero presentaré una visión general de la economía en la sociedad del siglo XXI para mostrar el contexto actual y lo que nos espera en el futuro. Luego me referiré a la pequeña empresa, cuya presencia es una de las características de la economía de este siglo y guarda relación, obviamente, con la apertura de oportunidades para los emprendedores. La pequeña empresa es, normalmente, el primer paso de muchos emprendedores. En tercer lugar trataré sobre las fuerzas motrices o dinamizadoras de la economía, para lo cual me apoyaré en algunas investigaciones recientes. Finalmente, me referiré al tema de esta exposición, al emprendedorismo, y compartiré con ustedes una investigación realizada hace poco más de un año con la participación del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco de Desarrollo de Tokio. Esta investigación buscaba determinar las condiciones que hacen posible el desarrollo de las empresas y el emprendedorismo, más particularmente la creación de nuevas empresas, en cuatro países de América Latina y cuatro países asiáticos. Los resultados están siendo publicados en Washington y en Tokio y llegarán próximamente aquí, por lo que es un material desconocido todavía en el país y que hoy gustosamente compartiré con ustedes.

La economía del siglo XXI

En cuanto al primer tema, cuando se trata de las tendencias y las características de la economía del siglo XXI es inevitable tomar como referencia a Jophn Naisbitt autor de Megatendencias y de varios otros libros. Como la mayoría de ustedes deben  haberlos leído, haré una breve síntesis de las principales ideas.

Naisbitt presenta y desarrolla con brillantez diversas megatendencias: el paso de la sociedad industrial a la sociedad de la información; de la economía nacional cerrada a la economía mundial –estamos cada vez más en una economía global–; del corto plazo al largo plazo –es difícil pensar en los próximos veinte o treinta años porque siempre los problemas se presentan hoy y uno parece agobiado por el corto plazo–; de la centralización a la descentralización –tema de obvia vigencia en el Perú y reto para todos–; de la ayuda estatal o del estatismo a la autoayuda, a la autoafirmación; de la democracia representativa, a la democracia participativa –aunque algunos políticos quizá no estén muy de acuerdo con esta tendencia–; y finalmente, de las jerarquías a las redes.

También quiero referirme a un texto de gran trascendencia que dibuja brillantemente la sociedad del futuro; se trata de La sociedad poscapitalista, de Peter Drucker. En este libro señala que el recurso económico básico ya no es ni el capital ni los recursos naturales, ni el trabajo, sino que es y seguirá siendo el conocimiento. El capital y el trabajo, que fueron las fuentes creadoras de riqueza durante los siglos XIX y XX y que están presentes en la teoría económica clásica, marxista, keynesiana y aun neoclásica, ya perdieron vigencia en el siglo XXI. El valor es creado ahora por la productividad y la innovación, ambas aplicaciones del conocimiento al trabajo.

Otras ideas que nos ayudan a dibujar el panorama que nos espera son las de Bill Gates, protagonista del siglo XXI. Su empresa, Microsoft, es una de las que está definiendo en la práctica la sociedad del futuro, con su propia acción, sus productos y su capacidad de innovación. En su libro Camino al futuro, Gates afirma que la autopista de la información será plenamente asequible, casi por definición, cuando esté desarrollada en su totalidad. Un sistema costoso, conectado a unas cuantas empresas grandes y a las personas de mayor poder adquisitivo no será la autopista de la información, sino una red privada. La autopista de la información es un fenómeno de masas o no es nada; y, efectivamente estamos caminando en esa dirección. Esta concepción es de gran importancia porque muchas veces se asocia la alta tecnología con el poder, el dinero, y la exclusión. Otra idea trascendente de Gates –ESAN es un buen lugar para mencionarla– es que la educación será la gran palanca de la sociedad y que toda mejora significativa a nivel social, nacional, regional o individual provendrá de la educación. La educación nunca acaba, siempre vamos a estar mejorando y ampliando nuestros conocimientos.

También contribuye un autor que ustedes deben de leer con frecuencia: Michael Porter. Quiero referirme a uno de sus últimos artículos sobre clusters o conglomerados empresariales, que es un buen modo de ir entrando al tema del emprendedorismo. Porter define cluster como las concentraciones geográficas de empresas e instituciones de éxito competitivo en un determinado campo o actividad. El mapa económico mundial, según  él, está dominado por clusters. Afirma que la solidez de las ventajas competitivas de una economía global se basa cada vez más en aspectos locales, ya sea en conocimientos, relaciones y motivación que los rivales distantes no pueden igualar. Entre una serie de clusters, menciona desde los más tradicionales, como el entretenimiento en Hollywood, las finanzas en Wall Street y la electrónica de consumo en Japón, hasta los clusters exportadores en Estados Unidos: el vinícola en California, el aeronáutico en Seattle, la petroquímica en Texas, la biotecnología en Boston, los bienes raíces en Dallas, los semiconductores en Phoenix, la microelectrónica y el capital de riesgo en Silicon Valley, California. Es decir, los clusters están asociados a la especialización, la concentración de actividades y la interrelación de empresas, de muchas empresas, en espacios geográficos relativamente pequeños.

Dos autores no tan conocidos pero de gran creatividad y profundidad de pensamiento, son Michael Piore y Charles Sabel, profesores del MIT [Massachussets Institute of Technology], los que escribieron The Second Industrial Divide hace unos años. En ese libro plantearon el concepto de “especialización flexible” como el modelo de la organización empresarial del futuro –que, obviamente, va más allá de las empresas– y que entraña una visión de la empresa desde la economía del siglo XXI. ¿Qué caracteriza a la especialización flexible? Este modelo de organización empresarial se caracteriza por: la innovación y el dinamismo tecnológico, la reducción de la escala de producción –fenómeno que se observa con claridad desde la década del 80–, la organización horizontal, el rol fundamental y activo de los recursos humanos, el uso de maquinaria multipropósito, la personalización de los productos, el uso intensivo de la información y la cooperación entre empresas e instituciones (principalmente educativas).

Finalmente, a manera de síntesis dos autores canadienses, De la Mothe y Paquet, definen la sociedad del siglo 21 como “una economía basada en el conocimiento”,  (knowledge based economy), que es además “dirigida por la innovación” (innovation driven). En esta economía, afirman, la clave (the name of the game) es la acumulación del conocimiento. Complementando esta síntesis, en un estudio reciente, la Unión Europea prefiere usar, en lugar de “sociedad del conocimiento”, el término “sociedad del aprendizaje” o “economía del aprendizaje”, ya que permanentemente debemos estar aprendiendo cosas nuevas y desaprendiendo otras, haciendo nuevas mezclas y nuevas integraciones.

La pequeña empresa

El segundo tema que voy a tratar es la nueva realidad de la pequeña empresa en el mundo y en el Perú. Hace 30 años, en 1970, durante el gobierno militar de Velasco Alvarado, se promulgó la Ley General de Industrias. En dicha ley no se menciona ni una sola vez la palabra pequeña empresa, pues la visión prevaleciente era que sólo las grandes empresas estatales o la inversión extranjera, que también era grande, iban a generar el desarrollo industrial. Felizmente, desde entonces hemos avanzado mucho; hoy día la participación de la pequeña empresa es considerada clave para el desarrollo de cualquier economía. Así como la actitud emprendedora es considerada la puerta de entrada para la creación de empresas. Si nos remontamos hacia atrás podremos reparar en que la mayoría, sino todas, las empresas han nacido pequeñas. Desde la Ford, a principios del siglo pasado, hasta Microsoft, en la década de los 70, ambas empezaron en los garajes de las casas de sus promotores y se convirtieron en las empresas líderes que todos conocemos. Podemos encontrar miles de ejemplos de empresas que empezaron muy pequeñas y hoy son verdaderos gigantes.

¿Cuáles son las cifras sobre la pequeña empresa a nivel mundial? En Estados Unidos existen 22 millones de empresas, y la población económicamente activa es de 130 millones de personas; por lo tanto, el tamaño promedio de sus empresas es un poco menos de 6 personas. Ésta es la realidad, Estados Unidos –la primera potencia económica y política– se basa en esa red inmensa de pequeñas empresas. Obviamente, a diferencia de las pequeñas o microempresas peruanas, ellas tienen una productividad elevada, obtienen ingresos altos y están articuladas a otras empresas y a toda la economía. El Japón tiene 9 millones de empresas y una población económicamente activa de 68 millones de personas; por lo tanto un tamaño promedio de 7,4 personas por empresa. En Italia, en la región denominada Emilia Romaña, que es probablemente la región donde mayor es el dinamismo de la pequeña empresa, el tamaño promedio es de 5,2 personas por empresa.

En contraposición, en la ex_Unión Soviética el tamaño promedio de las empresas industriales era de 813 personas; es decir, allí sí se cumplió la tesis del fordismo acerca de empresas gigantes centralizadas y verticales donde únicamente pensaban y mandaban los directivos, mientras los obreros sólo ejecutaban órdenes. Me refiero al modelo fabril aplicado desde la revolución industrial, el que luego se llamó modelo fordista-taylorista y que fue llevado al extremo, justamente, por los países socialistas y la ex_Unión Soviética, donde todo era grande, estatal y rígido. El modelo sirvió para lograr una industrialización forzosa, para quemar etapas. En los años veinte, cuando empezó la Revolución Rusa, la ex_ Unión Soviética era una nación muy atrasada, aunque para la Segunda Guerra Mundial ya se había convertido en una potencia industrial, militar y política. Esta capacidad industrial fue una de las razones por las cuales pudo vencer, junto con los Aliados, a la Alemania nazi. Durante toda esa época y hasta aproximadamente los años sesenta y setenta el modelo funcionó; luego comenzó a estancarse, cesó su dinamismo y perdió su capacidad de innovación y de desarrollo de nuevos productos, precisamente las fuerzas impulsoras de la economía. Mientras tanto, esto no sucedía en los países capitalistas desarrollados porque, entre otras razones, sus economías estaban basadas en pequeñas y medianas empresas. Se dice que el socialismo colapsó por factores políticos, como la falta de libertades y la dictadura del partido único, pero debe tenerse en cuenta también el aspecto económico. El socialismo era ya un sistema económico ineficiente, incapaz de estar a la altura de los cambios mundiales y en el cual el emprendedorismo no existía. Por eso la economía y el modelo se derrumbaron.

Como en los países desarrollados, en el Perú la pequeña y microempresa también ocupan un espacio muy importante, como lo evidencian las diversas investigaciones realizadas. En el último censo hecho por el INEI, en 1994, se estableció que en el Perú existían 236 000 empresas en total, sin considerar a la economía informal, al autoempleo ni a la venta ambulatoria. De este total, 226 000 empresas, es decir, el 96%, eran microempresas que empleaban entre 1 y 10 personas; 7 700 eran pequeñas empresas que ocupaban entre 11 y 50 trabajadores; 1 600 eran medianas empresas cuyo número de trabajadores estaba entre 50 y 200; y finalmente 480 eran grandes empresas de más de 200 trabajadores. Ésta es la realidad de nuestro país: sin contar al sector informal, la pequeña y la microempresa juntas representan el 99% del total de las empresas, porcentaje similar al que se observa en Japón o Estados Unidos. La diferencia entre el Perú y esos países reside en la calidad y productividad del trabajo en dichas empresas, en su vínculo con otras empresas y en el uso de tecnología y de conocimiento moderno.

Desde el punto de vista de los resultados económicos, a pesar de que en este sector, sobre todo en la microempresa y el autoempleo, hay evidentes aspectos negativos, como la informalidad, la baja productividad y el ingreso insuficiente, también es posible apreciar factores positivos. Me refiero al potencial de desarrollo reflejado o evidenciado en los conglomerados o clusters de los que hablaba Porter. El más importante cluster de América Latina es Gamarra, no hay un conglomerado así en toda esta parte del continente. Es más, debe de ser uno de los más importantes del mundo. Gamarra está conformado por 14 mil establecimientos, 10 mil empresas agrupadas en 25 manzanas y dedicadas a la confección y/o comercialización de prendas de vestir o a proveer servicios a las empresas de este ramo. Se estima que en Gamarra las ventas anuales alcanzan 800 millones de dólares, y yo he calculado que entre 1970 y 1995, en un lapso de 25 años, el crecimiento en activos fijos, es decir, en instalaciones, galerías y número de establecimientos, ha sido de 17% anual; un ritmo muy alto. China en sus mejores años ha crecido al 12%, un récord mundial, el Japón también crecía al 12% en los años sesenta, pero ningún país ha llegado a crecer al 17%. En el periodo mencionado, la economía peruana creció a un ritmo promedio de 2% anual; si lo hubiera hecho al 17% ya formaríamos parte del Primer Mundo.

La situación descrita es producto de este espíritu empresarial popular muy significativo que ha rendido sus frutos. El Estado prácticamente no ha intervenido en este crecimiento; hasta se puede afirmar que por momentos incluso lo ha obstaculizado. También es cierto que muchas pequeñas y microempresas son informales y no aportan al desarrollo con impuestos ni con otras contribuciones, pero sí han contribuido con generación de empleo, con productos y con satisfacer necesidades de la población. Además, no sólo es el caso de Gamarra, en diferentes lugares del país se han formado conglomerados. En Villa el Salvador hay conglomerados de muebles de madera, de metal mecánica, algo de confecciones; en Trujillo está El Porvenir, especializado en la fabricación de calzado; en Arequipa funcionan conglomerados también de cuero y calzado, y de metalmecánica; el Cusco puede ser considerado un conglomerado de turismo. En general, a lo largo del país se puede observar una serie de clusters en actividades más o menos tradicionales.

Sin embargo, y esto es muy importante, también surgen conglomerados en sectores modernos, del siglo XXI. Hace tres semanas el presidente de Intel, ese otro gran monstruo de la informática, de la era de la información y del conocimiento, estuvo en el Perú y dio varias conferencias. En todas ellas se refirió al fenómeno peruano de las cabinas públicas. Es decir, las cabinas públicas han colocado al Perú en el mapa informático mundial, pues constituyen una innovación significativa. De acuerdo con las cifras de uso de computadoras, el Perú aparece en uno de los últimos lugares a nivel mundial, porque no tenemos muchas computadoras, pero en cuanto a las cifras de acceso a Internet en América Latina y en el mundo, el Perú ocupa un lugar inusualmente alto, y esto es lo que llama la atención del más alto ejecutivo de Intel. ¿Y qué son las cabinas públicas? Son pequeñas y microempresas de la era de la información, del siglo XXI; es decir, el fenómeno de Gamarra de la era de los 70 y los 80 se repite ahora en una actividad como la información. El mismo espíritu empresarial sigue presente y se está desarrollando en diferentes campos, aunque es verdad que hay una alta rotación y que muchas de estas cabinas cierran. A propósito, es necesario reconocer el rol que ha cumplido la Red Científica Peruana en impulsar estas cabinas –viendo a Luis Piazzon he recordado que la Red Científica Peruana comenzó aquí en ESAN– a partir de su visión de democratizar la información, de democratizar las ventajas de las últimas tecnologías de la información. Las cabinas públicas son ahora un fenómeno extendido y autónomo y, aunque hay rotación, como ocurre en casi todas las actividades incluyendo confecciones, lo sustancial es que traducen un dinamismo y un desarrollo empresarial absolutamente de punta.

Las fuerzas motrices de la economía

Trataré ahora sobre el tercer punto de esta exposición: las fuerzas motrices del cambio, para lo cual voy a referirme a dos documentos de reciente aparición. Uno de ellos es un trabajo del Programa Mundial de Empleo de la OIT publicado en el 2002, resultado de una convocatoria a muchos expertos. El otro es el último Informe sobre el desarrollo humano del PNUD. Según el documento de la OIT las fuerzas motrices del cambio económico son las siguientes: en primer lugar, la expansión del comercio mundial, léase globalización; en segundo lugar, las inversiones directas extranjeras –hecho que menciono con frecuencia cuando converso con los dirigentes de la centrales sindicales, pues siendo la OIT una institución a la cual ellos y nosotros respetamos mucho, es justamente ella la que pone a la inversión extranjera como una fuente de crecimiento y desarrollo, así que no hay que satanizarla­–. En tercer lugar, las innovaciones tecnológicas –esto reivindica a Schumpeter, el gran economista austriaco que postuló que la más importante fuerza motriz era la innovación tecnológica–; en cuarto lugar, la iniciativa empresarial o el emprendedorismo y; finalmente, un entorno propicio para el desarrollo de las empresas, asunto que es, en parte, responsabilidad de los estados.

Por su parte, el documento del PNUD es un informe que se elabora todos los años y que en esta edición presenta un giro muy interesante. El PNUD normalmente desarrolla temas vinculados más a las acciones de alivio o lucha contra la pobreza –como los mapas de la pobreza–, a actividades de asistencia del Estado y del sector privado; pero este año ha dedicado el informe a la búsqueda de alternativas para salir de la pobreza. Con el título “Aprovechando las oportunidades”, el documento se pregunta cuáles son las fuentes del desarrollo humano. Según el PNUD, estas fuentes son cuatro: la primera, la creatividad, es decir, la búsqueda de oportunidades, la innovación; la segunda, la empresarialidad, esto es, el espíritu empresarial, que organiza y combina factores; la tercera, el agenciamiento o el convertirse en agente de su propio desarrollo; y la cuarta,  la asociatibilidad, la capacidad de organizarse en todas las formas y niveles para lograr determinados objetivos. En años anteriores el informe ha incidido más en los aspectos negativos y los problemas que tiene el país, ahora está poniendo énfasis en las oportunidades para poder superar esos problemas.  

La investigación internacional sobre el  emprendedorismo

Ahora sí pasamos al tema central de la exposición, el emprendedorismo. Como mencioné al principio, quiero compartir con ustedes los resultados de esta investigación realizada en dos etapas, la primera entre enero y mayo del 2000 y la segunda entre noviembre del 2000 y marzo del 2001, la investigación es un estudio comparativo entre cuatro países latinoamericanos y cuatro países asiáticos cuyo objetivo es identificar los factores que influyen en el proceso emprendedor y encontrar las razones por las cuales algunos países son más emprendedores o tienen mayor número de nuevas empresas. Con este propósito, en cada uno de los países participantes: Argentina, Brasil, México y Perú, por América Latina, y Japón, Taiwán, Corea y Singapur, por el Asia, se aplicaron por lo menos doscientas encuestas de diseño único y más de cien preguntas. Primero los ocho países se han comparado entre sí y luego en bloques, es decir, América Latina con Asia. El interés del BID reside en conocer qué pasa en esta parte del continente, mientras la motivación del Japón, que aportó la mayor parte del financiamiento, se explica por su preocupación por el futuro, ya que en el siglo XXI cuenta con relativamente pocos emprendedores. El ritmo de creación de nuevas empresas en el Japón es un tercio del registrado en los Estados Unidos, la primera potencia del mundo. En este país se crean entre 850 mil y 900 mil empresas cada año, lo que significa un crecimiento empresarial de más de 3%, mientras la población no crece ni siquiera al 1%. Se sabe que la mitad de estas empresas cierran durante el primer año, pero entre el 20% y el 25% llegan a establecerse y encarnan el factor dinámico que es la principal fuente del crecimiento de la economía.

Japón se pregunta qué está sucediendo con el emprendedorismo, ya que después de los años cincuenta y sesenta, su época de oro, el ritmo de creación de nuevas empresas ha ido disminuyendo paulatinamente. Un problema similar vivió Estados Unidos. En la década de los ochenta, se hizo evidente el dominio japonés en la industria automotriz; los autos japoneses eran de mejor calidad, menor precio, consumían menos gasolina, presentaban una serie de ventajas y, en consecuencia, estaban invadiendo los mercados que antes eran casi territorio exclusivo de los Estados Unidos, incluyendo su propio mercado doméstico. Frente a esta situación, ¿qué hicieron los norteamericanos? Las cuatros grandes empresas automotrices encargaron una investigación al MIT sobre la industria automotriz mundial, pero, en realidad, su principal objetivo era conocer los secretos de la industria japonesa. Con el pretexto de una investigación académica, los norteamericanos investigaron cómo estaban organizadas las empresas competidoras: Toyota, Mitsubishi, Nissan. Al término del estudio llegaron a la conclusión de que las mejores fábricas eran las japonesas, pero también descubrieron los secretos de éstas. No es casual que la industria automotriz estadounidense se parezca cada vez más a la japonesa, haya recuperado su mercado y establecido muchas joint ventures. Algo parecido pero en sentido inverso puede advertirse ahora en el interés de los japoneses por financiar esta investigación y revelar las fuentes del emprendedorismo en otros países, aunque el estudio no incluyó a los Estados Unidos. En Asia, el país más emprendedor de todos es Taiwán, que presenta el mayor ritmo de creación de empresas y el mayor número de emprendedores; le siguen Singapur, Corea y, al último, el Japón. En el caso de América Latina, el primer lugar lo ocupa Brasil, después está el Perú, México y, finalmente, Argentina. Lo sustancial es que mientras las diferencias en América Latina no son tan grandes, todos los países están relativamente parejos, en el Asia no sucede lo mismo. Entre Taiwán y el Japón hay un abismo con relación al número de nuevas empresas. Esto explica el interés del segundo por saber cuáles son las condiciones que favorecen la creación de empresas.

Las variables explicativas del emprendedorismo

La investigación manejó por lo menos cien variables, algunas correspondían al ámbito de la persona, del empresario o la empresaria, y referidas a aspectos como mentalidad, conocimientos, historia, background y relaciones; mientras otras variables guardaban relación con el entorno sectorial y macroeconómico en el cual se desarrollan las empresas. Analíticamente separamos las variables, pero también era importante conocer la interrelación entre estos niveles, los personales, los económicos, los institucionales y sociales. De manera que elaboramos un modelo que pudiera determinar, en primer lugar, cuáles eran las variables decisivas y, en segundo lugar, explicar la interrelación entre estas variables. El trabajo fue complejo porque es difícil manejar estos niveles, pasar de uno a otro.

En cuanto a los resultados, la variable más importante es la experiencia previa. Contra lo que podría pensarse, dado que estamos en la era del conocimiento y de la información, la mayoría de empresarios y de empresarias exitosas han tenido alguna experiencia previa que han combinado con conocimientos. Cuando alguien me dice que va a salir de la universidad y establecer una empresa, pienso que sobreestima el poder de la teoría. Ésta no produce empresas, ellas son fruto de la experiencia, especialmente en empresas medianas y pequeñas, que permiten una visión de conjunto. En una empresa más grande, uno generalmente está en una sección o área determinada; sólo los directivos, los dueños o los gerentes pueden tener una visión de conjunto. Haber sido gerente es también una experiencia válida, muchos se han vuelto después emprendedores. La experiencia es fundamental, casi no existe un caso donde no se haya observado la experiencia previa. Entonces, si ustedes quieren crear una empresa, tienen que buscar experiencias relevantes y acumular conocimientos para luego emprender su propia aventura. A mí me invitaron a esta investigación porque tenía ya algo avanzado al respecto, había leído mucho e incluso escrito sobre el tema. Una de mis hipótesis de trabajo era el peso de la experiencia previa, que justamente la investigación comprobó.

El aspecto de la experiencia previa es muy importante para las entidades educativas, a las cuales les corresponde asesorar o ayudar a sus egresados a adquirirla. Además, el empresario no requiere sólo conocimientos, debe desarrollar aptitudes: la capacidad de seguir adelante, de no intimidarse frente a los problemas, la persistencia, el liderazgo, la creatividad, la capacidad de convencimiento. Un empresario debe poder convencer a sus clientes de que su producto es bueno, poder convencer a su socio de la necesidad de tomar una decisión, poder convencer a sus trabajadores de la importancia de cierta medidas, por mencionar algunos ejemplos. ¿Y cómo se enseñan estas competencias, que no son estrictamente conocimientos, en una universidad o escuela? En la actualidad, las instituciones educativas ya incluyen en sus planes de estudios actividades orientadas a obtener estas capacidades. Sin embargo, aunque muchas de ellas se adquieren con la práctica, las aulas facilitan su mejor aprovechamiento.

La segunda variable clave en el emprendedorismo son las redes comerciales y personales. Las redes oficiales se denominan comerciales y las redes extraoficiales o informales se denominan personales. Casi todos los emprendedores han recibido ayuda y consejos que han ido recogiendo y asimilando y luego convertido en un factor valioso de éxito. El emprendedor busca personas capaces de ponerlo en contacto con personas claves o de darle consejos e información relevante. Por ejemplo, dónde conseguir financiamiento para un determinado proyecto, cuál es el proveedor de la tecnología de punta para ser competitivo. Aquí en ESAN ustedes ya están comenzando a establecer redes, porque las redes académicas, de conocimientos, se transforman después en empresariales. De ahí la importancia, nuevamente, de la experiencia previa, de conocer, por ejemplo, quién es el proveedor de tales o cuales equipos, quién está investigando sobre el tema que interesa.

La tercera variable en influir en el proceso de hacer empresa es el background del emprendedor o de la emprendedora. En muchos casos, las familias de emprendedores  generan más emprendedores; es decir, si el padre o la madre son empresarios, hay altas probabilidades de que el hijo también lo sea. Puedo citar cientos o miles de casos, pero me limitaré al de Wong. El padre era empresario, uno de los tantos “chinos de la esquina” que nos fueron tan familiares en Lima hasta la década de los setenta. Mientras los hijos lo ayudaban a atender la tienda, les iba inculcando los valores que luego, combinados con el conocimiento formal adquirido en las universidades y las relaciones, permiten dar el salto que todos conocemos. Pero ¿qué pasa si uno no tiene una familia emprendedora? Le queda la posibilidad de conocer personas que provienen de familias emprendedoras y así observar e incorporar cualidades y valores.

Vinculada al factor anterior está la gran variable de la cultura. No sólo recibimos la herencia familiar, que es un factor decisivo, también asimilamos las ideas y los valores de la cultura del país donde vivimos. Por eso señalé que en la Unión Soviética la cultura emprendedora era inexistente. Durante décadas se había satanizado a los empresarios y se les había considerado enemigos. En esa cultura no había lugar para la innovación, para nuevas empresas ni productos, por eso, repito, el sistema se derrumbó. Por el contrario, la cultura taiwanesa es ciento por ciento emprendedora, es una cultura del éxito. Recogiendo las ideas de Mario Vargas Llosa, se puede decir que en el Perú se sataniza el éxito, los empresarios son considerados los “malos de la película” y se rechaza todo lo que tenga vinculación con ellos, como las privatizaciones. ¿Adónde se puede llegar con este tipo de cultura e ideología? Tenemos que hacer una contraofensiva; yo me resisto a creer por ejemplo que todo el pueblo arequipeño tenga la mentalidad de dos o tres dirigentes de su frente regional, sus propios emprendedores lo niegan.  Parte de la cultura emprendedora es reconocer los valores del éxito y de la recompensa económica, creo que es legítimo sentirse orgulloso por los frutos del trabajo y de la capacidad personal.

La educación, que es parte de la cultura, es también una variable fundamental. Hay países donde la educación es emprendedora y otros donde se brinda una educación de empleado dependiente. El cómo nos han educado juega un papel primordial. Yo estudié Ingeniería en la UNI y allí, a fines de los 60, nos educaron con una mentalidad de empleado dependiente. Terminamos los estudios con la expectativa de que alguien nos contratara, y todavía hay compañeros que siguen esperando a un empleador. El supuesto de que hay una constante demanda de profesionales de diferentes carreras y niveles es falso. Las universidades y las escuelas como ESAN no pueden limitarse a dar conocimientos y enviar a sus egresados al mercado, tienen que incluir el factor del emprendedorismo en la formación, de modo que sus alumnos sean capaces de crear su propio puesto de trabajo. Es más, el emprendedorismo debe inculcarse desde el colegio. A pocos chicos se les enseña la realidad de las empresas. Algunos las conocen por necesidad, generalmente los niños de pocos recursos que tienen que ayudar a sus padres en el comercio ambulatorio u otra actividad informal. Pero esa enseñanza puede hacerse de manera organizada, aprovechando incluso juegos virtuales, como el “junior achievement”. De hecho en Taiwán y en otros países la educación es emprendedora, y en ella las escuelas de postgrado y las universidades juegan un papel importante como proveedoras de conocimientos más especializados, sobre todo para industrias y empresas de punta. En la investigación que estoy reseñando, las escuelas de negocios emprendedoras eran un factor medible, según regiones y países; es decir, causaban un efecto sobre el número empresas creadas en esa región o en ese país.

El siguiente factor del emprendedorismo son los valores no monetarios. Muchos se dedican a hacer empresa no solamente por la rentabilidad –lo cual, como dije, no es negativo, al contrario, es muy positivo–, sino por distintas motivaciones. En la investigación se mencionó, por ejemplo, las siguientes: la autorrealización, ser su propio jefe, contribuir al desarrollo de la sociedad, el reconocimiento social, la independencia, entre otras. Todos estos valores también deben estar presentes en la sociedad. Una sociedad en la cual el ser independiente no es un valor no generará empresarios. Lamentablemente hay ideologías que fomentan el seguidismo y la pasividad. Las personas prefieren un líder que les diga qué hacer, piense por ellas y les evite preocupaciones. Si éste es el valor universal en algún país, ¿qué se puede esperar de él? 

Las variables económicas e institucionales

Hasta aquí he tratado de los factores de índole personal que influyen en el emprendedorismo, la experiencia, el background, la cultura, toca ahora referirme al entorno macroeconómico. Podría pensarse que en la investigación este aspecto ocuparía el primer lugar como condicionante del desarrollo del emprendedorismo, pero no fue así. Taiwán es una economía relativamente pequeña, carece de recursos naturales, no tiene grandes empresas ni ha recibido grandes inversiones; sin embargo, es la más dinámica del sudeste asiático y ha alcanzado el mismo grado de desarrollo de Corea en cuanto a resultados –un ingreso per cápita incluso un poco más alto–. Lo más destacable de Taiwán, no obstante, es que muestra la mejor distribución del ingreso del Asia. ¿Por qué?, porque su estructura industrial es democrática, con un gran número de medianas y pequeñas empresas, lo que incentiva la empresarialidad y brinda más oportunidades. Estamos, pues, frente al entorno económico, variable que está, por supuesto, relacionada con los factores mencionados anteriormente. Tiene que haber una actividad industrial y empresarial pujante en el país que permita a los potenciales empresarios adquirir la experiencia previa y hacer uso de las redes  personales y comerciales. Evidentemente, todos los factores se retroalimentan. Si en un país no hay actividad empresarial ni industrial, ¿dónde se adquiere la experiencia?, ¿dónde se realizan las prácticas preprofesionales? Buscar puestos de trabajo para las prácticas de sus alumnos constituye una dificultad real para las universidades. Las empresas grandes hace algún tiempo dejaron de recibir practicantes, y algunas universidades no aceptan como válidas las prácticas en pequeñas o microempresas por su informalidad, a pesar de que, según la investigación realizada, la experiencia en este tipo de empresas es más importante para el emprendedorismo que la adquirida en empresas grandes. Alguna vez me han preguntado por qué se les paga tan poco a los jóvenes practicantes. Y yo he respondido (a riesgo de impopularidad) que en realidad deberían trabajar gratis o (exagerando) hasta pagar por la oportunidad de aprender, tal como pagan por sus estudios. La experiencia que se obtiene en una empresa es tan o más valiosa que los conocimientos adquiridos en una escuela o universidad. Criterios como éste respaldan, por ejemplo, el Programa de Formación Laboral Juvenil, que aquí ha sido evaluado negativamente y cuyo recorte ha sido solicitado por congresistas, cuando, más bien, debería ser ampliado, de modo que los jóvenes puedan acceder a las empresas y obtener conocimientos. En síntesis, tiene que haber una actividad económica de cierto volumen y dinamismo para que surja el emprendedorismo. De otra manera será muy difícil adquirir la experiencia necesaria y obtener ventajas de redes comerciales y personales.

Según la investigación citada, los ambientes más emprendedores fueron justamente los que mostraban más presencia de pequeñas y medianas empresas. Silicon Valley es conocido por su dinamismo tecnológico, la innovación en la informática, y su éxito en los servicios de información en general. Allí en la década del setenta ninguna empresa comienza siendo grande, todas empiezan como pequeñas empresas. Tampoco se crean grandes empresas en actividades que pueden considerarse tradicionales. En el campo automotor, por ejemplo, establecidas ya las cuatro grandes empresas, lo que puede surgir son pequeñas empresas proveedoras de las empresas grandes, las cuales pueden desarrollar innovaciones, como el empleo de un nuevo metal o una nueva aleación. Reiterando, en los lugares donde hay mayor clima empresarial y mayor presencia de PYMEs (pequeñas y medianas empresas), la investigación ha encontrado mayor emprendedorismo.

Finalmente, una importante variable vinculada al emprendedorismo es el financiamiento. La mayoría de gente piensa que si no dispone de financiamiento no puede hacer empresa. Esto es falso, pues muchos de los emprendedores de la investigación no tuvieron financiamiento; aproximadamente el 90% lo obtuvo de recursos propios porque, efectivamente, un banco no da crédito si uno acude sólo con ideas o esbozos del producto o del servicio que piensa ofrecer. Muchos empresarios consiguen recursos propios de familiares o de amigos, lo cual nuevamente nos retrotrae a las interrelaciones. Si no hay cierto grado de desarrollo industrial y si la familia no tiene ciertos ingresos, difícilmente se puede hacer una pequeña empresa con posibilidades de éxito. Lo que sí se observa muchísimo en el Perú son las microempresas de sobrevivencia o autoempleo, pero no es de éstas de las que se está tratando, sino de empresas con capacidad de crecimiento que requieren de cierto nivel de inversión y de cierto nivel de conocimiento basado en la experiencia y las relaciones. El financiamiento, pues, está vinculado con las redes personales y comerciales. Los proveedores muchas veces proporcionan el crédito para empezar, porque tienen confianza en el empresario que puede mostrar alguna experiencia previa. De ahí la importancia de un entorno macroeconómico que brinde más oportunidades. La investigación encontró que en los lugares donde las actividades y ramas mostraban mayor crecimiento y desarrollo, la generación de empresas y de empleo era también  mayor. Luego, la labor del gobierno es generar ese entorno macroeconómico dinámico donde haya mayores posibilidades de generación de empresas y de surgimiento de emprendedores de éxito. Esto no quiere decir que en épocas de crisis o de recesión no haya oportunidades, también las hay, tal como lo hemos visto en diferentes casos, pero el tema aquí es el volumen de nuevas empresas y su efecto sobre la economía. El entorno de crecimiento y de desarrollo sectorial, regional o nacional siempre es mejor y más positivo.

Hasta aquí lo principal de la investigación realizada, de la que puede extraerse una serie de lecciones, tanto en el aspecto individual como en el nacional y también para una escuela como ESAN. Voy a proporcionarles la información y los documentos respectivos y quizá eventualmente se pueda organizar aquí la presentación de los resultados, inclusive con funcionarios del BID que puedan venir a explicarnos los casos de los otros países, quizás uno de América Latina y otro asiático, porque definitivamente el emprendedorismo marca la ruta del desarrollo.

A propósito de cultura, se percibe en la población cierta predisposición a culpar de todo al gobierno, al Estado, pero ésta no es la actitud más constructiva.  Más bien, convendría pensar en que uno por sí mismo puede emprender y desarrollar, invertir, arriesgarse, buscar recursos, y solo entonces solicitar apoyo a un Estado socio, promotor. Éste debe ser el papel del Estado, no el del padre protector que debe resolver todos los problemas del hijo. Lamentablemente, muchas personas reclaman el paternalismo, mientras algunos partidos y movimientos políticos lo refuerzan y alientan, con lo cual contribuyen poco al desarrollo del país. Tenemos que lograr un cambio cultural, cambiar nuestras ideas y valores, también nuestras instituciones, y orientar todo ello hacia el desarrollo del emprendedorismo, que es la principal fuerza motriz del crecimiento y del desarrollo.

 

Muchas gracias.